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Vol. 100. Núm. 1.
Páginas 17-21 (Febrero 2009)
ACTAS 1909-2009
DOI: 10.1016/S0001-7310(09)70052-3
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Actas Dermo-Sifiliográficas, año 1, número 1
Actas dermo-sifiliográficas, year 1, issue 1
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E. del Río
Autor para correspondencia
dermalar@clinicadermalar.com

Emilio del Río de la Torre. Clínica Dermalar. Rúa de Laverde Ruiz 7, 1.° F. 15702 Santiago de Compostela. A Coruña. España.
Clínica Dermalar. Santiago de Compostela. A Coruña. España
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Resumen

El primer número de Actas Dermo-Sifiliográficas vio la luz en mayo-junio de 1909. No era la primera revista dermatológica española, pero su aparición supuso el impulso definitivo y la consolidación de un espacio de publicación en español abierta a la dermatología mundial que ha perdurado en el tiempo. Inicialmente se publicaban sólo las actas de las sesiones de la Sociedad Española de Dermatología y Sifiliografía (actual Academia Española de Dermatología y Venereología), algunos obituarios y una sección de revista extranjera.

El primer ejemplar de la revista es un buen retrato de la situación de la especialidad en España hace 100 años. La venereología ocupaba un espacio muy importante: más de la mitad del volumen de trabajo. La sífilis dominaba la venereología y eso explica que la revista sea precisamente «sifiliográfica».

El catalizador de la revista fue Juan de Azúa, presidente también de la Sociedad, auxiliado por José Sánchez-Covisa como secretario de Actas y por Miguel Serrano como tesorero de la Sociedad y administrador de la revista. Los colaboradores iniciales provenían casi en exclusiva del ya desaparecido Hospital de San Juan de Dios de Madrid.

Palabras clave:
historia de la dermatología
historia de la dermatología española
publicaciones dermatológicas españolas
periodismo médico dermatológico
Actas Dermo-Sifiliográficas
Abstract

The first issue of Actas Dermo-Sifiliográficas appeared in May-June of 1909. Although not the first Spanish dermatology journal, it did provide a lasting forum where dermatologists could publish in Spanish at the same time as opening a window to the practice of dermatology throughout the world. Initially, the journal only included minutes of the Spanish Society of Dermatology (currently the Spanish Academy of Dermatology and Venereology [AEDV]), certain obituaries, and a section on foreign journals.

The first issue of the journal is a good snapshot of the situation of the specialty in Spain 100 years ago. The proportion dedicated to venereology was substantial—more than half the total content. Venereology itself was dominated by syphilis, explaining why the journal retains the word «sifiliográfica» in its title.

The catalyst for starting the journal was Juan de Azúa, who was also president of the society, with the help of Sánchez-Covisa as recording secretary, and Miguel Serrano as the society's treasurer and journal manager. The first collaborators were drawn almost entirely from the now defunct Hospital San Juan de Dios in Madrid.

Key words:
history of dermatology
history of Spanish dermatology
Spanish dermatology journals
dermatological journalism
Actas Dermo-Sifiliográficas
Texto completo

El próximo mes de junio se cumplirán 100 años de la aparición del primer número de Actas Dermo-Sifiliográficas. Nuestra revista ha sido el mejor emblema de la dermatología española y ha llegado regularmente –salvo unos pocos meses al comienzo de nuestra triste Guerra Civil, de junio de 1936 a octubre de 1937– a nuestras casas. Hoy Actas da muestras claras de su vigor y solidez, y se proyecta hacia una nueva etapa de crecimiento y de progresiva globalización combinando tradición y modernidad en sabias proporciones. Vamos a echar la vista cien años atrás y ver brevemente cómo fue aquel primer número de la revista de 1909.

El título

El primer número de Actas Dermo-Sifiliográficas (fig. 1) es una pequeña joya bibliográfica e histórica que nos ofrece una «foto fija» muy precisa de cómo era la dermatología de principios del siglo xx. La tirada de la revista era pequeña, presumiblemente no mucho más del centenar de ejemplares, como cabría esperar de una publicación que se enviaba a los socios de la recién creada Sociedad Española de Dermatología y Sifiliografía, a unas pocas entidades y bibliotecas públicas y a algunas revistas nacionales y extranjeras por intercambio. También el tamaño era algo más pequeño que el actual, escasamente 23 x 16 cm. Pero si hay un rasgo distintivo de Actas Dermo-Sifiliográficas es que ha conservado su nombre intacto desde sus orígenes. Algunas prestigiosas revistas dermatológicas de largo recorrido han ido modificando con los años no sólo su imagen, sino también su nombre. Por ejemplo, Dermatologica ha pasado a denominarse Dermatology no hace muchos años, y aun antes los Archives of Dermatology and Syphilology abreviaron su nombre como Archives of Dermatology. Sin embargo, Actas nos da una idea fiel de lo que originalmente fue: la publicación de las actas científicas de las sesiones periódicas de la Sociedad Española de Dermatología y Sifiliografía –actual Academia Española de Dermatología y Venereología. Y es así que en este primer número se recogen las actas de las sesiones celebradas por la Sociedad los días 6 de mayo y 3 de junio de 1909 con tal fidelidad, que constan incluso los comentarios que los asistentes realizaron con posterioridad a las presentaciones. Esta función de «actas» la ha conservado la revista hasta hace unos pocos años, aunque ya con un peso específico menor en los contenidos generales, siendo sustituidas progresivamente por originales, revisiones, casos clínicos, estudios científicos, necrológicas, noticias, como en la mayoría de las publicaciones dermatológicas y científicas en general.

Figura 1.

Portada del primer número de Actas Dermo-Sifiliográficas. En un principio, y hasta hace pocos años, el presidente de la Academia (antes Sociedad) era también el director de la revista. El primer director –Juan de Azúa (1858-1922)– era asistido por un secretario de Actas. Este cargo posteriormente pasó a ser el de redactor-jefe. El tesorero de la Sociedad era también administrador de la revista. De hecho, la dirección que figura en la portada de la revista –C/ Núñez de Arce 14, 1°, Madrid– era justamente el domicilio del primer tesorero, Miguel Serrano.

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Una segunda peculiaridad del título es que Azúa escogió la forma culta «dermo-» frente a la común «dermato-», que probablemente sería la que hoy elegiríamos. En realidad, ambas habrían sido igualmente correctas en español.1

La tercera palabra del título, «sifiliográficas», tiene también importantes connotaciones. Y es que la sífilis significaba la inmensa mayoría del contenido venereológico de la especialidad, y su variedad y riqueza de presentaciones clínicas la convertían en una auténtica superespecialidad. De hecho, ya consta más arriba que la propia Academia Española de Dermatología lo fue también inicialmente de «Sifiliografía».

Actas Dermo-Sifiliográficas sorprende por lo brusco de su comienzo. No encontramos siquiera unas líneas de saludo en este primer número de Actas. La revista se estrena de lleno con los contenidos científicos. A ello se refiere Bejarano en la celebración de los primeros veinticinco años de la Academia2: «Este hombre eminente, dotado de excepcionales facultades de tenacidad y de inteligencia, había creado, asistido por un grupo de colaboradores, la Academia donde los dermatólogos españoles se habían de formar, y la había dotado de un órgano de expresión: las Actas Dermo-Sifiliográficas, que, para ejemplo de publicaciones de orden científico, no ha dedicado una columna, ni una frase, ni una palabra a cuestiones ajenas a la dermatología que pudiesen producir o ahondar diferencias entre profesionales.»

Los contenidos

Más allá del título y la portada, analizando ya los contenidos de este primer número (fig. 2), también tenemos una buena muestra de lo que era la especialidad de hace 100 años en España: sólo 4 de las 13 aportaciones científicas se refieren a temas dermatológicos, mientras que las 9 restantes son venereológicas. Dentro de éstas la sífilis se lleva la palma, ya que 8 de estas 9 aportaciones se refieren a la lúes y tan sólo una a la blenorragia.

Figura 2.

Actas Dermo-Sifiliográficas nació sin una sola línea de presentación o de saludo. El sumario de los contenidos es lo primero que el lector se encuentra al abrirla. Nos sirve hoy como un buen retrato de lo que entonces era el ejercicio de la especialidad, con una presencia mayoritaria de la venereología, especialmente de la sífilis. Tanto fue así que hasta condicionó el propio nombre de la revista.

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El primer artículo de Actas en 1909 se debe –como es de justicia– a Juan de Azúa y se titula «Curas con alquitrán de hulla, en varias dermatosis». Azúa presenta los resultados de este tratamiento clásico en dermatología –entonces muy novedoso– en 29 pacientes. Al cumplirse los 75 años de Actas, en 1984, se publicaron de nuevo en la revista este primer trabajo y el que aparecía a continuación, del que era autor José Sánchez-Covisa y que se titulaba «Dos casos de dermatitis herpetiforme de Duhring». En aquella ocasión, Antonio García Pérez escribió una breve nota editorial previa3 y un sucinto trabajo posterior sobre «El alquitrán de hulla, hoy».4

Una curiosidad que nos sorprende en la actualidad es el hecho de que la mayoría de los pacientes reflejados en aquellos primeros trabajos aparecen citados ¡con sus nombres y apellidos!, por ejemplo: Antonio Fernández, mozo de cuadra, cincuenta y cuatro años; Basilio Pérez, sesenta y nueve años, cesante (es decir: jubilado, N. del A.); Isabel Entrambasaguas, etc. De hecho, muchas veces se llevaban los propios enfermos a las sesiones que solían celebrarse en el Colegio Médico de Madrid o en el propio Hospital de San Juan de Dios, y así los asistentes tenían la oportunidad de observar las lesiones in vivo. Estos quebrantos de la intimidad de los pacientes –aunque entonces se aceptaran tácitamente– son difíciles de entender en el mundo actual, pero muchos de nuestros colegas de mayor edad recuerdan bien estas sesiones, ya que hasta hace unas décadas se celebraban así.

El año del nacimiento de Actas es ya de por sí una fecha muy importante en la sifiliografía mundial porque coincide con el descubrimiento del salvarsán por Ehrlich y Hata en Frankfurt en 1909. No aparece aún ninguna referencia al salvarsán en este primer número (será abundante la tinta vertida sobre él en los volúmenes 2 y 3 de la revista), pero sí de un antecesor del salvarsán: el atoxil. Esta molécula es un compuesto orgánico que ya incorpora el arsénico, aunque resultaba mucho más tóxica y menos eficaz que el famoso «606». Sobre el atoxil escribe en este primer número un colaborador de Azúa, Clementino Basail, describiendo su aplicación en inyecciones intramusculares en 7 enfermos. Sin embargo, en la mayoría no observaron apenas mejoría.

A título de curiosidad, vemos, en la escasa publicidad que acompañaba los textos científicos de este primer número de Actas (fig. 3), un anuncio de un derivado yodo-mercurial que nos recuerda que hasta ese momento, y desde el siglo xvi, apenas se había avanzado en el tratamiento de la sífilis.

Figura 3.

La publicidad en los primeros números de Actas es escasa, pero sí está presente. En este caso se trata de un derivado yodo-mercurial para su administración en la lúes. Los mercuriales fueron casi barridos por los arsenicales del panorama dermato-venereológico a partir de este año de 1909 cuando Ehrlich y Hata presentaron el salvarsán o «606». Pero no sería hasta 1944 cuando, con la aplicación masiva de la penicilina, comenzó el principio del fin de la sífilis.

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Contrastando con la dramática extensión de la lúes a principios del siglo xx y la ausencia de tratamientos eficaces, llama la atención en este primer número de Actas la presencia de nuevas tecnologías diagnósticas: radiología, serología y estudio histopatológico. Uno de los trabajos, presentado por Jaime Nonell, se refiere a dos pacientes con una talalgia blenorrágica en la cual realiza dos radiografías que presenta a la reunión de la Sociedad y suscitan un comentario laudatorio de Fernando Castelo como medio de diagnóstico reciente. La serología para el diagnóstico de la sífilis, introducida pocos años antes por Wassermann, aparece ya aquí como un complemento rutinario e imprescindible. El último artículo científico de este primer número se titula «Tres casos de siringo-cisto-adenomas: ulceración de uno de ellos», y se debe también a la pluma de Azúa. En él queda patente que el estudio con hematoxilina-eosina, que sigue siendo hoy la base del diagnóstico dermatopatológico, ya era rutinario entonces. Lamentablemente, Azúa no refiere quién fue el micrógrafo que realizó estos estudios.

Los grabados y fotograbados son muy escasos en los primeros números de Actas. El primer fotograbado –sobre un feto arlequín, del que también se conserva una figura de cera en el Museo Olavideno aparece en este número, sino en el número 2 de la revista5. En este primer número aparece una única figura (fig. 4) insertada en el propio texto en una aportación –también de Azúa– titulada «Sífilis cerebromedular. Meningo-mielitis incipiente y meningitis de la base. Trastornos acústicos y ópticos. Extraordinario reflejo acústico», sobre un caso muy complejo en el que contó con la colaboración del oftalmólogo Mansilla, del otorrinolaringólogo Ernesto Botella y de Clementino Basail para la ¡exploración musical! Este grabado representa sendas zonas de la rama auricular del plexo cervical superficial desde las que se desencadenaban molestísimos reflejos cutáneo-auditivos. Aun así, la mayor parte de la exploración neurológica de este enfermo la realizó Juan de Azúa, con una meticulosidad que deja patente que las exploraciones de este tipo eran rutinarias para los dermatólogos de la época.

Figura 4.

Los grabados y fotograbados eran muy escasos en los primeros años de Actas. En el primer número únicamente aparece este esquema anatómico dentro del texto de una presentación de Azúa, representando las zonas de la rama auricular del plexo cervical superficial desde las que se desencadenaban molestísimos reflejos cutáneo-auditivos. La riqueza semiológica de la lúes, particularmente en su afectación neural, obligaba a los dermatólogos a realizar exploraciones neurológicas muy meticulosas.

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Como única referencia personal, tan sólo al final del número aparece una nota necrológica que Pardo Regidor hace del poco antes desaparecido dermatólogo francés Ernest Besnier. Ésta es la primera aportación de una sección -la de las notas necrológicas u obituariosque, además de rendir un homenaje al fallecido, son hoy una interesante fuente de información histórica dermatológica.

Conclusión

Hoy, cien años después de este número, la dermatología y la venereología han cambiado, los médicos hemos cambiado y la revista también6. Pero permanecen intactos el título, la ilusión y el buen hacer de aquellos pioneros. Actas Dermo-Sifiliográficas tiene lo mejor de su pasado: el prestigio y la tradición, tiene el evidente vigor y pujanza del presente y un prometedor futuro.¡Feliz centenario, Actas Dermo-Sifiliográficas!

Bibliografía
[1.]
F. Navarro.
Consultorio.
Actas Dermosifiliogr, 94 (2003), pp. 263-266
[2.]
J. Bejarano.
Academia Española de Dermatología y Sifiliografía. Sesión conmemorativa de su XXV aniversario, celebrada el 17 de mayo de 1934.
Actas Dermosifiliogr, 26 (1934), pp. 734-736
[3.]
A. García Pérez.
75 Aniversario de la fundación de la Revista y de la Academia Española de Dermatología y Sifiliografía.
Actas Dermosifiliogr, 75 (1984), pp. 1
[4.]
A. García Pérez.
El alquitrán de hulla, hoy.
Actas Dermosifiliogr, 75 (1984), pp. 19-21
[5.]
E. Del Río, L. Conde-Salazar.
Breve Historia de Actas Dermo-Sifiliográficas.
Actas Dermosifiliogr, 97 (2006), pp. 159-168
[6.]
J. Conejo-Mir Sánchez.
Consideraciones sobre la evolución de Actas Dermo-Sifiliográficas.
Actas Dermosifiliogr, 99 (2008), pp. 87
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